Proceso individual de 5 meses

Kintsugi

Tu vida funciona. Pero hay partes de ti que todavía no están en paz.


Has construido mucho.

Trabajas. Resuelves. Tomas decisiones. Te ocupas de lo que toca. Hay personas que cuentan contigo y probablemente más de una te ve como una mujer fuerte, segura, capaz.

Y lo eres.

Pero tú conoces también la otra parte.

La que algunas veces duda muchísimo más de lo que parece.

La que dice «todo bien» y sigue con su día mientras por dentro continúa dándole vueltas a algo.

La que puede tener una vida que le gusta y, aun así, sentir que hay cosas dentro que todavía no están en su sitio.

Kintsugi no busca que puedas con más.

Busca que puedas vivir todo lo que ya has construido con mucha más paz, seguridad y libertad por dentro.

Porque quizá ya no necesitas cambiar de vida.

Quizá necesitas poder estar bien dentro de la vida que tienes.

Kintsugi es un proceso individual de 5 meses para trabajar aquello que todavía sigue teniendo demasiado poder sobre cómo te sientes, cómo reaccionas y cómo te relacionas contigo y con los demás.

Hay cosas que has conseguido. Y cosas que todavía te duelen.

Puedes ser perfectamente capaz de sacar adelante un negocio, dirigir un equipo, cuidar de una familia o solucionar un problema complicado… y sentirte pequeña por una frase de tu madre.

Puedes tener una pareja que te quiere, te cuida y te lo demuestra… y aun así preguntarte alguna vez: «¿Qué verá en mí?» o necesitar más señales de las que te gustaría reconocer para sentirte realmente querida.

Puedes ser la que aconseja a todas sus amigas… y después llegar a casa y no tener tan claro qué hacer contigo.

Puedes poner un límite. Y pasarte las siguientes tres horas preguntándote si has sido demasiado brusca, egoísta o injusta. O ponerlo cuando ya estás tan harta que sale de una manera que después tampoco te representa.

Puedes conseguir algo que hace años parecía imposible… y tardar muy poco en encontrar una nueva razón para sentir que todavía no es suficiente.

Y a veces ni siquiera hace falta que ocurra nada. Basta con mirar a otra mujer.

Ver cómo se mueve. Lo segura que parece. Su relación. Su cuerpo. Algo que ha conseguido. Y aunque sabes perfectamente que no conoces toda su historia, durante unos segundos lo que ella tiene se convierte en la medida de lo que a ti te falta.

Con todo lo que has vivido, todo lo que has aprendido y todo lo que ya sabes de ti… hay momentos en los que vuelves exactamente al mismo lugar.

Y eso cansa.

Porque muchas veces sabes perfectamente cómo te gustaría reaccionar.

Incluso podrías aconsejar a otra persona.

El problema es que saberlo no siempre hace que puedas hacerlo diferente cuando te toca a ti.

«25 años buscando paz… y por fin la encontré»

Ahora imagina que realmente puedes hacer algo con todo esto para que deje de afectarte de la misma manera.

Y no, no hablo de que de repente todo te dé igual.

Ni de que nunca vuelvas a enfadarte, a dudar o a sentirte insegura.

Hablo de algo mucho más real.

Que una frase de tu madre pueda molestarte sin arruinarte el día.

Que puedas poner un límite y no pasarte después horas pensando si has sido demasiado dura.

Que tu pareja pueda estar distante sin que tu cabeza convierta inmediatamente ese silencio en una historia sobre ti.

Que puedas ver a otra mujer brillar sin usarlo para cuestionarte a ti.

Que puedas equivocarte sin convertir ese error en una prueba de que no eres suficiente.

Que dejes de necesitar tantas señales de fuera para confiar en lo que ya sabes de ti.

Que no tengas que parecer tan segura porque empieces a sentirte segura de verdad.

Menos conversaciones que se repiten una y otra vez en tu cabeza.

Menos necesidad de demostrar.

Menos ruido.

Menos pelea contigo.

Más tranquilidad siendo tú.

Que cada vez haya menos distancia entre la mujer que los demás ven y cómo te sientes cuando no hay nadie delante.

No vienes a convertirte en otra mujer.

Ni a buscar continuamente qué tienes que arreglar en ti.

Vienes a descubrir qué sigue teniendo demasiado poder sobre tu presente y a empezar a vivirlo de otra manera.

A veces aparecerá tu historia con tu madre o con tu padre.

Otras veces será tu pareja, una decisión que no consigues tomar, la culpa cuando te eliges, tu manera de poner límites o esa necesidad de demostrar que puedes con todo.

Y quizá aparezca algo que ahora mismo ni siquiera relacionas con cómo te estás sintiendo.

Trabajamos con tu vida. Con lo que está pasando ahora y con aquello que todavía se activa dentro de ti.

No para quedarnos viviendo en el pasado.

Sino para que lo que ocurrió pueda seguir siendo parte de tu historia sin seguir decidiendo tanto sobre cómo vives hoy.

«No cambié. Por fin empecé a existir.»

Entenderlo no basta

Quizá ya has trabajado mucho contigo.

Has leído. Has reflexionado. Puede que incluso entiendas perfectamente de dónde vienen algunas de tus reacciones. Y eso importa, sí, pero no es suficiente.

El cambio empieza cuando, en el momento en que te vuelve a pasar, consigues responder de una forma diferente.

Pero esa respuesta nueva no te sale a la primera. Ni la segunda. Ni la tercera.

Puede ser que las primeras veces te des cuenta una vez ya ha pasado. Cuando ya has contestado como siempre. Cuando vuelves a quedarte dándole vueltas. Cuando otra vez te has callado lo que querías decir.

Después empiezas a verlo mientras está pasando.

Y poco a poco llega un momento en que, ante algo que antes te llevaba directamente al mismo sitio, haces algo diferente casi sin darte cuenta.

Eso no se entrena en una sesión. Se entrena en tu vida.

Y tu vida necesita tiempo.

Por eso Kintsugi dura cinco meses.

Porque tu vida no ocurre durante nuestra sesión. Ocurre después.

Cuando vuelves a tu casa. A tu pareja. A tu familia. A tu trabajo. A tus decisiones.

A esos momentos en los que antes sabías perfectamente qué te estaba pasando… pero no conseguías hacerlo diferente. Por eso también hay acompañamiento entre sesiones.

No quiero que Kintsugi te ayude solo a entenderte mejor.

Quiero que te ayude a vivirte de otra manera.

Ellas ya estuvieron aquí

«No tuve la sensación de estar siguiendo un programa rígido, sino de que el proceso se iba adaptando a mis necesidades con mucha fluidez. Mimi me daba recursos que podía seguir trabajando por mi cuenta entre sesiones, pero lo que más valoré fue su presencia, su capacidad para sostenerme y ayudarme a reenfocar lo que estaba viviendo a través de preguntas que muchas veces me hacían verlo desde otro lugar.»

A

Adriana

Houston · Realtor

«Me encantó hacer el proceso con Mimi. Descubrí muchas facetas de mí misma y ahora me siento más segura. Ya no estoy tanto en el hacer por todos y para todos, estoy más tranquila y he aprendido a tratarme con menos exigencia. El proceso se adaptó perfectamente a mis necesidades y el acompañamiento me dio mucha paz y serenidad. De hecho, lo que menos me gustó fue que se terminara.»

R

Rocío

Perú · Administrativa

«¿Sabes cuánto vales realmente?»

No necesitas saber exactamente qué te pasa

Muchas mujeres llegan diciéndome cosas como:

«Sé que valgo, pero me falta creérmelo.»

«Estoy para todo el mundo y al final siempre me dejo para después.»

«Me comparo más de lo que me gustaría.»

«Hay veces que reacciono de una manera que ni yo misma entiendo.»

No siempre saben ponerle un nombre a lo que les pasa.

Solo saben que hay cosas que ya no quieren seguir viviendo igual.

Y con eso basta para empezar.

Kintsugi

Un proceso individual de 5 meses para que todo empiece a encajar

Kintsugi no son sesiones sueltas en las que hablamos de lo que te pasa y después vuelves a tu vida hasta la siguiente cita.

Durante cinco meses trabajamos juntas de forma completamente individual para ir entendiendo qué te mantiene donde estás, qué se sigue activando y, sobre todo, qué necesitas empezar a hacer diferente para que el cambio pueda sostenerse fuera de la sesión.

Tendremos 10 sesiones 1:1 cada 15 días, más una sesión final extra para mirar todo el recorrido, recoger tus avances y ayudarte a reconocer lo que has construido durante estos meses.

Entre sesiones seguimos trabajando.

Puede haber ejercicios de regulación emocional, escritura o reflexión, y propuestas concretas para ir practicando nuevas respuestas antes de necesitarlas en un momento real.

Y no tienes que esperar quince días si algo pasa.

Puedes escribirme, mandarme un audio o un email cuando lo necesites, y si noto que te has desconectado o que algo se ha quedado parado, también seré yo quien te busque.

El método Kintsugi tiene una estructura clara que se adapta a ti, a tus necesidades y a lo que vaya apareciendo por el camino.

Porque la idea no es acumular sesiones.

Es que, poco a poco, todas las piezas empiecen a encajar y entiendas por qué lo que te pasa tiene sentido, qué puedes hacer con ello y cómo empezar a vivirlo de otra manera.

1.100 €

Inversión

El pago se realiza al comenzar como compromiso con el proceso completo. En situaciones excepcionales puede dividirse en dos pagos.

Garantía 100%

Si después de las dos primeras sesiones sientes sinceramente que no te estás llevando nada de esto, tienes una garantía del 100 %.

Para poder acompañarte de verdad, mantengo un máximo de 5 procesos Kintsugi activos al mismo tiempo.

Cuando las plazas están ocupadas, las nuevas incorporaciones esperan a que se libere una plaza.

Antes de empezar, nos conocemos

La primera conversación es gratuita y dura aproximadamente 45 minutos.

Quiero escucharte, saber qué estás buscando y entender qué está pasando antes de decirte si Kintsugi es para ti.

Si creo que puedo ayudarte, te explicaré cómo trabajaría contigo.

Y si considero que tu situación necesita otro tipo de acompañamiento, te lo diré con total transparencia.

No se trata de convencerte para que entres. Se trata de comprobar si este proceso y yo somos realmente lo que necesitas ahora.

«Ha sido una transformación total.»

Elva — España · Mediadora

No necesitas esperar a estar mal para decidir que ya no quieres seguir viviendo algunas cosas de la misma manera.

Quizá simplemente has llegado a ese punto en el que sabes que hay algo que quieres cambiar de verdad.

Y esta vez no quieres volver a dejarte para después.